Narcotour

NarcoTour

Este es un proyecto académico de los estudiantes del curso de Periodismo Internacional del Pregrado en Comunicación Social de EAFIT.

Profesor Mauricio Builes Gil.

Correo: narcotour.medellin@gmail.com

Viernes, 16 Junio 2017 22:57

La finca olvidada de los secuestros

Escrito por Valentina Vélez y Paulina Echavarría
Azucena Liévano Azucena Liévano

 

En la vereda Sabaneta, de Copacabana, Antioquia, es difícil encontrar las fincas que alguna vez fueron de Pablo Escobar. En la que murió la periodista, Diana Turbay, por ejemplo, sólo queda un muro roído por la maleza. Es una tierra tan olvidada como las miles de víctimas y sobrevivientes de los atentados de Escobar y sus hombres.

 

A principios de los 90 el país atravesaba una cruenta guerra contra los carteles de la droga. El narcotráfico llevaba estremeciendo al país desde la década anterior y los mafiosos tenían el lema: “Preferimos una tumba en Colombia que la cárcel en Estados Unidos". Pablo Escobar, Gustavo Gaviria, Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Enrique Lehder Rivas y el clan Ochoa figuraban como los máximos jefes del llamado grupo “Los Extraditables” y estaban dispuestos a todo con tal de no pagar sus delitos en los Estados Unidos.

“Yo estaba trabajando para un medio de comunicación, el noticiero Criptón. La directora del noticiero estaba buscando un acercamiento para una entrevista con el ELN en esa oportunidad”, recuerda, Azucena Liévano, quien también fue secuestrada junto a Diana Turbay y otros cuatro periodistas: Hero Buss, Richard Becerra, Orlando Acevedo y Juan Vitta.

 

Tuvieron que pasar varias semanas para que los familiares de los periodistas y la opinión pública supieran que estaban retenidos por Pablo Escobar. Para el momento en el que se enviaron las pruebas de supervivencia, el grupo de secuestros estaba completa con figuras como Pacho Santos, Beatriz Villamizar, Maruja Pachón y Marina Montoya. En Noticia de un Secuestro, Gabriel García Márquez establece estos secuestros como uno solo masivo que tenía como único objetivo presionar al grupo de notables que revisaban la viabilidad de la extradición de nacionales. Diana Turbay, hija del expresidente Julio César Turbay, era una pieza clave.

Durante el secuestro, el equipo de seis periodistas fue dividido en parejas y llevado a fincas diferentes en Copacabana pero aledañas. Azucena fue la compañera de Diana Turbay en lo que duró su cautiverio. La separación del grupo parecía obedecer cuestiones logísticas, pero había momentos en los que se cruzaban, sobre todo cuando los desplazaban de una finca a otra. Sin embargo, Turbay fue la compañera de infortunio y de alegrías de Liévano, como ella misma lo dice.

Y el oficio del periodista tenía que seguir. El país se preguntaba incansablemente por la suerte, ya no solo de los primeros seis sino del grupo total de diez secuestrados. Arritokieta Pimentel, trabajaba en El Noticiero Nacional y recuerda este episodio de su carrera: “Obviamente nos tocó cubrir el secuestro de los compañeros. Y fue doloroso”

Azucena dice que pasaban la noche en vela y durante el día lograban dormir, pues pensaban que, en caso de haber un rescate, este se haría en la madrugada. Sus rutinas se trastocaron y en medio de todo, cada una comenzó a escribir un diario que luego se transformaría en un libro. “Lo empezamos a escribir durante el secuestro.”

Durante el tiempo del secuestro se firmaron alrededor de tres decretos diferentes sobre la extradición. Todos fracasaron y mientras tanto, el reloj de los secuestrados seguía marchando.

El primero en ser liberado fue Juan Vitta, el 26 de noviembre de 1990, por mal estado de salud. Le siguieron Hero Buss (periodista alemán) el 11 de diciembre y Azucena -dos días después- el 13 de diciembre. El siguiente en salir libre fue Orlando Acevedo, cuatro días después, el 17 de diciembre. Tras la racha de liberaciones, Márquez afirma que fue como “un respiro de esperanza”. Los únicos secuestrados que quedaban de ese grupo original eran Richard Becerra y Diana Turbay. Un mes después del reencuentro, la muerte llegaría a la vereda Sabaneta.

Turbay y Becerra estaban próximos a completar cinco meses en cautiverio, cuando el 25 de enero de 1991 el Cuerpo Élite de la Policía llegó al lugar porque había sido informados de actividad armada anormal y tenía la sospecha de que Pablo Escobar estaba en el sector. Ese día en la mañana, Diana y Richard fueron apurados por los sicarios de turno para salir corriendo de la casa. En la huida, hubo fuego cruzado y una bala impactó a Diana. Ese mismo día murió en El Hospital General de Medellín.

Ese día yo estaba en Cartagena con uno de los familiares de Hero Buss cuando conocimos la noticia”, recuerda Azucena.

Tal vez lo único que queda en Sabaneta son las marcas de algunas esquirlas del fuego cruzado. Las nuevas generaciones que hoy habitan el sector saben poco de los secuestros y de la muerte de la periodista. Cristian y Edgar, dos mellizos de 14 años que viven en la vereda, dicen que en el caminito que lleva hasta el lugar a veces espantan y hasta se aparece el fantasma de Pablo Escobar.