Narcotour

NarcoTour

Este es un proyecto académico de los estudiantes del curso de Periodismo Internacional del Pregrado en Comunicación Social de EAFIT.

Profesor Mauricio Builes Gil.

Correo: narcotour.medellin@gmail.com

Viernes, 16 Junio 2017 22:13

De lo que nunca se habla

Escrito por C.R. Echavarría
Los hermanos Ochoa Vásquez. De izquierda a derecha: Fabio, Jorge Luis y Juan David Los hermanos Ochoa Vásquez. De izquierda a derecha: Fabio, Jorge Luis y Juan David

 

Desde pequeña siempre había escuchado historias que parecían sacadas de películas. Viajes en avión privado solo para ir de compras. Fiestas donde el trago no tenía fin ni tampoco el derroche. Autos último modelo, vacaciones a lugares exóticos, casas de muñecas con forma de castillo y mucho más.

Sin embargo, aquellos relatos estaban lejos de ser simples historias. Hacían parte de algo que estaba mucho más cercano a mí de lo que hubiera elegido. Marcaban el antes y el después de una parte de mi familia, que por cosas de la vida terminó relacionada con uno de los momentos más oscuros de Colombia, el narcotráfico.

La implicación de mi familia con el mundo de las drogas nunca fue algo ilegal, jamás hicieron parte de este negocio. Su relación fue algo mucho más sutil, una simple conexión matrimonial con uno de los hermanos Ochoa, fundadores y miembros del Cartel de Medellín.

***

Los Ochoa se caracterizaron por ser una familia emprendedora, que con el trabajo duro del padre había montado un pequeño restaurante típico a las afueras de Medellín y se había terminado de hacer sitio en la esfera ganadera del país. No obstante, la ambición de los hijos puso la mirada en otros asuntos. Comenzaron a ver pequeño el destino que estas dos actividades les ofrecían. El narcotráfico fue una salida a tales pensamientos.

Cuando los tres hijos Ochoa varones ya habían articulado toda una red de narcotráfico en Medellín, el mayor de ellos había encontrado el amor en la prima hermana de mi madre. Ella se había casado entonces con este, quien, según anécdotas familiares, se había ganado su amor con un Porche último modelo.

Sin embargo, mi familia nunca aceptó del todo esta unión. Siempre se dudó de la procedencia de tanta fortuna y no era para menos, los rumores corrían y aunque nadie se atrevía a hacer la pregunta directa las sospechas seguían.

Desde niña había escuchado innumerables veces esta anécdota. Me gustaba saber más y siempre preguntaba. Me intrigaba entender por qué aquel personaje que todos tildaban de narcotraficante no se acomodaba a la imagen que guardaba de él en las fiestas o reuniones familiares. Lo veía como un hombre familiar y querido, aunque un poco reservado. Una imagen que no iba acorde a la de un criminal.

Sin embargo, con los años entendí que aquel tema era mejor evitarlo y pronto comencé a preguntar menos y a sentir que si mencionaba dicha conexión, entre una parte de la familia de mi madre y los Ochoa, las personas no reaccionarían bien.

Para nosotros enfrentar esta época implicó una lucha interna. Fue la angustia constante de mis tíos y abuelos por ayudar a su hija o sobrina a no terminar enredada en esta historia. Significó cartas a cárceles en el extranjero dando apoyo cuando más se necesitaba o la intriga de una vida lujosa, pero incierta.

No obstante, esto no solo han sido penas y tristezas del pasado. Crecer conociendo estas historias y saber que aquellos temas son vetados, ha generado en mí una mezcla extraña entre asombro y la dicotomía de conocer el otro lado de este mundo.

Contrastar personajes reales, con quienes has compartido momentos y anécdotas, con las descripciones que ha sacado la prensa, es hallar una gran contradicción entre lo que son y lo que se muestra. Esto no implica que algún día justifique sus acciones o esté de acuerdo con ellas, no obstante, es difícil apartar una imagen creada de manera cercana de otra que parece lejana e impersonal, como lo es una noticia en un periódico o una foto en una revista.

Así mismo, nunca sabré a ciencia cierta hasta qué punto llegó el ansia de poder de los Ochoa, pero si tengo claro que formaron parte de uno de los capítulos más oscuros, no solo de Colombia sino del mundo. Además, hablar de esto en una sociedad como la antioqueña y tener la relación más mínima a este tema, es motivo suficiente para cargar con un peso moral “prestado”.

No ha sido un secreto que hablar y tratar el tema del narcotráfico, en especial en Medellín, ha generado diferentes tipos de controversias. Sin embargo, creo que es importante tocar este tema y no borrarlo por completo de la historia de un país que lo ha vivido en carne propia. Lo importante es hacerlo de forma responsable y respetuosa hacía todas las víctimas que ha cobrado esta guerra.

Se trata de saber y comentar sobre esto, pero no buscando un espectáculo, sino entender el contexto y la relevancia que ha significado no solo para unos pocos, sino para la sociedad entera.

Seguro no soy la única que puede contar esta historia. Se replica en muchas otras personas y familias de diferentes partes de Colombia. Es una verdad a voces de la que no se habla y que, a diferencia de las lecciones físicas que ha dejado toda esta época de violencia, se lleva adentro y en silencio.